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Cuidamos el ambiente

El agua, fuente de vida y energía

Los datos sobre el agua dejan ver la importancia que tiene el líquido vital en el día a día de las personas, así como en el presente y futuro del planeta. Se sabe, por ejemplo, que el cuerpo humano está compuesto en un 60% de agua y el cerebro en un 70%. Además, el 80% de la sangre es agua y los pulmones se componen en un 90% de agua.

Si hablamos de la vida en la Tierra, hay que anotar que el 97.5% del agua se encuentra en los océanos y solo el 2.5% restante es agua dulce. Del total de agua dulce en el mundo, el 69% se encuentra en los polos y en las cumbres de las montañas más altas y se encuentra en un estado sólido, es decir congelada.

Fuente de la imágen: El Ágora Diario

Entonces, con esas cifras es fácil entender la importancia de cuidar de este recurso limitado. A continuación unos consejos sencillos, pero útiles para cuidar del agua:

Ser un consumidor sustentable…

Es adoptar una actitud de consumo consciente sobre el impacto negativo que nuestras decisiones de compra tienen en el ambiente, la sociedad y la economía. Es también ser crítico sobre cómo usamos los recursos naturales que disponemos y apoyar a aquellos ecoproductores que muestran respeto por los ecosistemas y la naturaleza.

Reducir los excesos y el daño ambiental es parte del ADN del consumidor consciente y responsable. 

Sin embargo, este concepto va mucho más allá de una moda. Es una respuesta alternativa al consumo masivo que se basa en adquirir productos sostenibles que aportan valores como la transformación social, igualdad de oportunidades, solidaridad y conservación del medio ambiente. Se trata de saber comprar y tomar decisiones que reduzcan nuestra huella ecológica en el planeta.

¿Cómo puedes cambiar tus hábitos hacia un consumo sustentable?

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Se trata de reducir los residuos que producimos; reutilizar los objetos dándoles otra oportunidad de vida, y reciclarlos cuando ya no nos sirvan para convertirlos en nuevos productos.

Usa bolsas reutilizables para cargar tus compras, diciéndole adiós a las fundas de plástico.

Inclínate por los productos que usen menos envoltorios.

Para distancias cortas, movilízate en bicicleta o a pie.

Desenchufa los equipos electrónicos que no estés utilizando.

Ahorra agua dándote duchas cortas y cerrando los grifos mientras te cepillas los dientes.

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Compra ropa de doble uso. 

Compra solo lo que necesitas.

Prefiere los alimentos frescos de tu zona, antes que los procesados.

Cuida la temperatura y ventilación del lugar de trabajo y hogar, aprovechando el sol y el viento de la mañana.

Empieza por estos consejos hasta que se conviertan en hábitos que no sólo protegen el mundo, sino que también significan ahorro y salud para ti y tu familia.